
Cuando la conocí era una adolescente embarazada y asustada. Tú tendrás el niño, yo lo criaré. Ese fue el trato.
Ella siguió allí mientras crecía. Me ayudaba a cuidarle cuando yo no podía, le llevaba a sitios, le contaba historias; nos llamaba mamá a las dos.
Hasta que mi marido y yo tuvimos aquel accidente…
Yo tendré el niño, tú lo criarás, yo lo haré madurar. Ese fue al final el trato. El mejor de los tratos posibles.